Importancia de los sentimientos en niños y niñas de 4 a 6 años.

Cuando compartimos nuestros sentimientos personales con otras personas no solemos buscar críticas, juicios, lógicas, consejos o razones. No nos gusta que nuestros sentimientos sean dejados de lado, negados o tomados a la ligera, lo que buscamos es ser comprendidos.
De la misma forma debemos intentar manejar los sentimientos de los niños. Frenar sus sentimientos puede ser algo negativo a largo plazo.
Cuando los niños y niñas comparten sus emociones con nosotros, nuestra actitud típica consiste en darles instrucciones acerca de lo que deben o no deben sentir. Y esto sucede porque estamos repitiendo patrones de manejos propios de los métodos tradicionales que imperan en nuestra cultura y sociedad.
Como padres debemos tener en cuenta que los sentimientos son un arma de superivencia dado que moviliza todo el cuerpo para la acción, por ejemplo, una emoción como el miedo nos puede preparar para la huida ante un peligro real.
Una emoción intensa puede provocar en los niños y niñas un cambio de su ritmo cardíaco, una aumento en la cantidad de adrenalina en su cuerpo, una respiración más rápida y acusada, mayor sudoración y, en definitiva, una mayor tensión muscular que viene dada por un cambio químico en el cuerpo.
En estos momentos, si le mandamos terminar con el sentimiento que provoca toda esa reacción química, lo más probable es que sus glándulas trabajen con mayor ritmo y que aumente la frustración del pequeño.
No olvidemos que cuando expresan sus sentimientos, lo que están haciendo es descargar toda esa energía emocional. Y así lo deben de hacer, porque una emoción reprimida provoca que el cuerpo continúe en un estado de tensión y salga hacia fuera en forma de hostilidad hacia nosotros, la escuela o hacia los demás. También causa estragos en la autoestima.
Buscar que nuestros hijos sean modelos no es lo más recomendable. El comportamiento modelo no es la conducta más saludable y positiva, ya que están ausentes la libertad y la espontaneidad.
Un manejo constructivo de sus sentimientos podría bien estar orientado cuando adoptamos una disposición de escucha activa y con empatía, aceptando los sentimientos y aportando válvulas de escape aceptables. La pasividad en la escucha no es nada recomendable. La escucha activa significa no sólo prestar atención a los mensajes verbales, sino también estar atento de sus mensajes no verbales, tales como los gestos, la adopción de determinadas actitudes o incluso a través del movimiento corporal.
Hay que tener en cuenta que los niños y niñas más pequeños no siempre logran expresar sus sentimientos con palabras. Sobre todo cuando les dominan emociones muy fuertes que no pueden controlar. Aceptar los sentimientos significa permitir que el niño experimente sus emociones sin que se le juzgue.
Al igual que un adulto, un niño demasiado cargado por dentro, es una bomba que puede estallar a la menor provocación. Es aconsejable intentar ayudarle en la medida de lo posible a generar sus propias ideas y sentimientos. De esta manera nos estaremos asegurando fomentar su independencia y autorrespeto.

Ebee León Gross

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